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2024-12-11
En estos tiempos, una “licencia social” para operar equivale a la geología en importancia para la minería
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Ingrid Putkonen
Directora y Fundadora M4H

¿Cuáles son los ingredientes clave para que las compañías mineras mantengan relaciones sólidas con el país anfitrión? Decidí continuar reflexionando en torno a esta pregunta después del debate que surgió en un blog que escribí a finales de noviembre sobre la posibilidad de que se produjera otro intento de adquisición de Anglo American.


Especulé que una mala relación con las comunidades anfitrionas podía eventualmente derribar acuerdos de fusiones y adquisiciones en la minería.


El blog motivó bastantes comentarios desde diferentes ángulos de la industria minera. Pero todos coincidieron en que es fundamental mantener buenas relaciones con la comunidad.


La clave del éxito


La industria minera es cada vez más consciente de que contar con una “licencia social” para operar se ha vuelto indispensable. Incluso me atrevería a decir que actualmente se ubica en el mismo rango que los  factores tradicionales de éxito en la minería, como un buen yacimiento mineral, una economía favorable, una infraestructura bien conectada y
una administración adecuada. 

"Durante 48 años he visto comunidades locales que, cuando no son valoradas ni tratadas con respeto, han detenido importantes proyectos mineros en todo el mundo", escribió Mark Cutifani, ex director ejecutivo de Anglo-American. "Las comunidades locales no son partes interesadas en nuestro trabajo, deben ser asumidas como socios para que pueda
existir una relación laboral y de construcción social a largo plazo."

Junior Shoeman, cofundador de Humanixs, una herramienta enfocada en el bienestar mental, comentó que las comunidades anfitrionas son sensibles al cambio, y destacó que esto es precisamente lo que ocurre cuando cambian los representantes de las empresas mineras y cuentan historias diferentes, hacen promesas que se quedan sin cumplir, no
comprenden los problemas de raíz y generan malentendidos.


A diferencia de la geología, que se basa en la ciencia, la relación con las comunidades locales implica tratar con personas. Esto puede ser complicado e impredecible, lo que inquieta a muchos ejecutivos de la minería.


Sin embargo, existen ciertos principios básicos que favorecen el desarrollo de relaciones positivas entre las comunidades anfitrionas y las empresas mineras.


Un camino de dos sentidos


El primer paso es ser proactivos y adelantarse a cualquier desafío potencial. Esto puede evitar conflictos costosos, retrasos en los proyectos y contribuir a mantener la reputación de la empresa minera en cuestión como ciudadano corporativo responsable.


Un componente clave de la proactividad es la confianza, lo cual no siempre es fácil de transmitir. Como explica Schoeman en su comentario, los enfoques tradicionales, como las asambleas, no siempre funcionan para interactuar de forma efectiva con las personas de la comunidad. Cosas como las diferencias culturales se pueden perder en la traducción
y dar lugar a malentendidos. Yo concuerdo con esto.


Dedicar tiempo al diálogo individual con líderes y personas de la comunidad puede ayudar a descubrir situaciones complejas, que si se dejan sin atender podrían convertirse más adelante en problemas graves.


Decisiones en conjunto


Además, las decisiones se tienen que tomar en conjunto: no se trata de imponer un enfoque jerárquico ni iniciativas desde arriba. La comunidad local necesita aceptar e involucrarse en el diseño de cualquier iniciativa, ya sea la construcción de nuevas escuelas, instalaciones médicas o modelos para la creación de empleos.

Aunque programas de este tipo puedan aportar enormes beneficios para la comunidad, si no se implementan de forma adecuada para que se ajusten a las necesidades locales, pueden terminar siendo un derroche de recursos.


Las comunidades anfitrionas “están exigiendo más participación, interacción e intercambio de valor para proteger sus intereses ambientales, sociales y económicos a cambio del acceso a los recursos minerales”, escribió Gary Poole, director ejecutivo de WYRD Global y
especialista en tecnología minera. “No quieren que les informen sobre las actividades de las empresas mineras: quieren ser parte de la solución”.


Para que la comunidad se sienta escuchada y respetada, es imprescindible mantener un diálogo continuo. Además, es fundamental detectar rápidamente cualquier descontento para poder abordarlo antes de que se convierta en un problema mayor. Pero también se requiere establecer expectativas realistas desde el principio, a fin de que los habitantes de la comunidad no se sientan decepcionados. Al final de cuentas, el presupuesto de las empresas mineras para proyectos comunitarios no es ilimitado.


A medida que un proyecto minero va evolucionando, se vuelven más relevantes las evaluaciones de riesgo periódicas. Desarrollos como la construcción de una nueva carretera para que los camiones transporten los minerales hacia el depósito de relaves pueden afectar a una comunidad. Por eso, es necesario que desde su diseño se construyan
con la intención de causar el menor impacto posible en las comunidades locales y el medio ambiente.


Mayor poder


Como explica Poole, a medida que las comunidades adquieren mayor influencia en la toma de decisiones y las operaciones, se dan cuenta de que tienen el poder de bloquear una licencia para operar, en caso de sus preocupaciones no sean abordadas de forma adecuada. “Para proteger sus inversiones, las empresas mineras necesitarán repensar cómo protegen y comparten valor con las comunidades donde se encuentran ubicadas sus minas.”


En esencia, todo se reduce a generar confianza, rendir cuentas, ser transparentes, mostrar respeto e involucrarse en un diálogo mutuo. Estos principios se aplican de forma diferente en cada comunidad minera, por lo que es necesario dedicar tiempo y esfuerzo a comprenderlos realmente.


Y esto no se refiere únicamente a manejar el riesgo. Las comunidades anfitrionas pueden contribuir de manera poderosa al éxito de una mina. Cutifani considera que la entrega a tiempo de la mina de cobre Quellaveco de Anglo American en Perú se debió en gran parte a que la comunidad local consideró el proyecto en cierta forma como algo propio.


Las comunidades anfitrionas no deberían ser tratadas como parte del riesgo operativo de un proyecto minero, sino como socios clave.


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